Pensé en callarme y no decir nada. Total, nadie tendría por qué enterarse. Sin embargo, durante las últimas semanas una necesidad abrasiva de decir la V E R D A D, al contrario que Rajoy, me ha inundado. ¿Y por qué no? Quiero contarlo. Desde que tengo Facebook-twitter-instagram la verborrea y el exhibicionismo emocional forman parte inherente de mi vida. Y quiero dejar huella para que las generaciones futuras de cortometrajistas sepan qué puede ocurrir (motivo súper-altruista) y lo locos que estamos. Ja.
La historia es la siguiente: cuando demos la última claqueta de “El amor me queda grande” dentro de dos semanas habré tardado en rodar este corto más de ocho meses (en pantalla espero que no dure...

