Esta es la historia de “un niño que olvidó crecer y que pasa todo el día escribiendo canciones y dibujando”, en palabras del propio Johnston. O de cómo un chaval de Sacramento nacido en los sesenta del pasado siglo, asfixiado por la religión, los conflictos de una familia disfuncional y los problemas psicológicos, encuentra a través del amor platónico, los cómics, los cortos y la música su conexión con el mundo. La exposición “Visiones simbólicas, una mirada al universo de Daniel Johnston” nos invita a bucear en el interior de un creador de culto absolutamente a contracorriente. Y eso en los tiempos que corren en este país resulta reconfortante. Se encuentra en la sede de La Casa Encendida de Madrid y recoge dibujos, grabaciones, zoótropos, anotaciones y un documental de producción propia: un conjunto de materiales únicos aportados por Jeff Tartakov, exmanager y amigo del artista.
El pasado 18 de abril, el propio Johnston inauguró la muestra con un concierto. Su fobia hacia los aviones no le impidió presentar al público español su particular propuesta musical, y el resultado fue un concierto apabullante y controvertido, tal y como ocurre con el resto de sus manifestaciones creativas. Efectivamente, Johnston no es el fruto de una educación privilegiada ni el producto de un exclusivo círculo social en el que se cruzan transferencias artísticas globales. Empezó dibujando a lápiz su versión de algunos superhéroes, grabando ruidosas maquetas en cassette y filmando en super 8 un puñado de cortometrajes caseros, encerrado en su habitación mientras era presa de un trastorno psicológico. Poco a poco empezó a darse a conocer con sus dibujos y a interpretar en vivo su música. Siempre moviéndose en canales transversales, a menudo ignorado por la cultura oficialista, y posteriormente reivindicado por iconos pop como Kurt Cobain. Hoy tiene cincuenta años y mantiene fresca la misma pulsión vital, alojada en un personaje tremendamente singular, como puedes comprobar en esta entrevista que le realizó una conocida revista española.

Todo esto lo cuenta el propio Johnston en el documental dirigido por Jeff Feuerzeig en 2003: “The Devil and Daniel Johnston”, una película imprescindible para los amantes del cine no ficción y para los fans de Johnston, que se puede disfrutar online o en la estupenda edición de coleccionista distribuida por Avalon. Con ella Feurzeig obtuvo el Premio al Mejor Director en Sundance y a la Mejor Película en el In-Edit Beefeater. Los merece. No hay nada fácil en ella, ni el acercamiento al personaje, ni la propuesta visual, ni el tipo de narración. Es perturbadora desde el primer segundo hasta el final. Y en cierto modo esperanzadora. En los rincones de nuestra mente alternativamente sobreestimulada y castigada por la realidad cotidiana, siempre cabe la maravilla, la chispa, si sabemos buscarla. El filme se nutre de momentos compartidos, y de fragmentos de un buen puñado de cortos rodados en los ochenta por Johnston en persona. La edición en dvd incorpora completos los más sobresalientes (“Debe ser lunes”, “Galería de raros”…) y algunos circulan en internet, aunque lo más aconsejable es mantenerse conectado al universo Johnston a través de su web.
Todavía estamos a tiempo de participar en las actividades asociadas a su presencia en España. Como asistir al concierto homenaje que le harán Jad Fair+Norman Blake el próximo 13 de mayo. También asistir a la proyección del documental de Feuerzeig los días 12 y 13. O visitar la exposición guiados por Jeff Tartakov, un itinerario realmente especial a lo largo del cual podemos saborear anécdotas de primera mano sobre el artista, el día 20 de mayo.
Abre la puerta al lado oscuro de la felicidad.


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