La televisión de los 80 era implacable con los pobres televidentes. Nos teníamos que conformar con emisiones semanales de nuestras series favoritas. Con suerte el capítulo terminaba con un fugaz "En el próximo episodio…” que cortaba sin piedad a créditos en un decir Jesús.
Pero ya no estamos en los 80 ni nuestra fuente de información es la revista Teleindiscreta. Ahora tenemos Internet, que para el seriéfilo y cinéfilo se ha convertido en una pesadilla de previews, recaps, críticas, encuestas, promos, virales, pulsómetros y demás inventos destinados a destripar el contenido de nuestras series favoritas con un propósito claro: nutrir el hype. El hype pretende calentar la espera del...