1. Si Henri Langlois se levantara de su tumba en el cementerio de Montparnasse (preciosa tumba, por cierto, y monumento a la cinefilia: en lugar de lápida, cubre su tumba una reproducción del Trocadero, primera sede de la Cinemateca, cubierto por un extraordinario conjunto de fotografías de las películas más famosas de la historia, del Potemkin a A bout de souffle) comprobaría con orondo orgullo el triunfo de la fe a la que dedicó su vida: el triunfo del cine y de la cinefilia en el mundo cultural del siglo XXI. El cine no sólo ha resistido a todas las amenazas que se han cernido sobre él en el siglo XX, sino que ha salido reforzado de todos los combates: el celuloide (o el bit, más carnicero todavía)...

